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Muchos lo han sufrido y nadie quisiera pasar por ello.
Éste es el resumen de alguno de los casos más
conocidos de fans realmente obsesionados -y desquiciados-
con sus ídolos.
Evidentemente, el más famoso de todos estos
fans desquiciados es Mark David Chapman,
el asesino de John Lennon, quien, identificado
con el protagonista de El guardián entre el centeno
y convencido de que Lennon era un vendido, cruzó
los Estados Unidos para matarlo en las puertas de su
apartamento de Nueva York, no sin antes pedirle un autógrafo.
Más adelante reconoció: “Yo era
el Sr. Nadie antes de matar a la persona más
famosa del Planeta.”
George Harrison estuvo a punto de ser el segundo
Beatle asesinado. A finales de diciembre de 1999, un
hombre llamado Michael Abram se coló
en su casa por la noche y la emprendió a cuchilladas
con él y su mujer. La contundente y rápida
respuesta de ambos le salvó de una muerte segura.
Curiosamente, una semana antes, una australiana llamada
Cristin Joyce Keleher, que decía
que Harrison era su amante, había sido
descubierta en su cocina tomándose tranquilamente
una pizza.
No se trata de un fenómeno reciente. ¿Quién
no recuerda las imágenes de los Beatles perseguidos
por miles de fans enloquecidas? The Monkees lo
vivieron también: a finales de los 60 estuvieron
retenidos en un hotel de Londres por temor a los fans
que los esperaban fuera.
Bob Dylan tuvo varios seguidores de los que
van más allá de lo razonable. El más
famoso fue Alan Jules Weberman,
un estudiante que creó el Frente de Liberación
de Dylan con el delirante objetivo de “liberarlo
de sí mismo”. Empezó a merodear alrededor
de su casa en Nueva York y acabó inspeccionando
su basura. En una ocasión se llevó una
bolsa con pañales de sus bebés, un borrador
de una carta a Johnny Cash y letras desechadas
para un futuro disco. No se le ocurrió nada mejor
que publicar un libro en el que interpretaba a Bob
Dylan a través de la lectura en clave de
su basura.
Uno de los casos más curiosos es el de una mujer
que cavó un agujero a las puertas de la casa
de Cliff Richard en Surrey y vivió
allí durante tres años. Otra mujer, ciega
en este caso, llamada Kathy Darnell,
persiguió a Elton John durante años
hasta que la persona que la llevaba en coche a todos
lados para seguirle dijo que ya estaba harto: era su
marido y acabó pidiendo el divorcio, harto de
esta obsesión.
Por su parte, a una tal Ruth Marie Torres
le dio por acosar a Adam Ant. Empezó dándole
comida a sus perros en la que metía cuchillas
de afeitar y, después, entró en su casa
para decirle que le había estado vigilando mucho
tiempo. No era suficiente: le comentó a uno de
sus amigos que le advirtiera de que, o se casaba con
ella, o iba a castrarlo. Adam Ant no pudo soportar
la persecución y empezó a perder su salud
mental, hasta el punto de que acabó acudiendo
a un centro médico con una gran cantidad de dinero
implorándoles que lo admitieran o, si no, se
suicidaría.
Björk ha pasado por esta experiencia en,
al menos, dos ocasiones. El primero, Ricardo López,
no puedo aguantar que la islandesa saliera con Goldie
y se suicidó mientras lo filmaba todo; en la
misma cinta la policía encontró la explicación
de cómo había preparado una bomba que
le acababa de enviar por correo. Por suerte, un empleado
de correos la descubrió a tiempo. “Soy
el ángel de la muerte para ella.” aseguraba
en el video. El segundo, después de enviarle
mensajes amenazantes durante meses, entró por
la fuerza en la casa de su madre.
Olivia Newton-John también los ha tenido
a pares, al menos los más peligrosos. Al primero,
el granjero Ralph Nau, ya le había
dado por acosar a Cher o Sheena Easton,
antes de decantarse por la protagonista de "Grease".
Para empezar, se marchó a Australia a verla y
allí, tal y como se descubrió después,
asesinó a una persona. Después, en uno
de sus conciertos subió al escenario para llegar
hasta ella, aunque fue cogido a tiempo y expulsado del
recinto; acto seguido, mató a su hermano menor.
El segundo, Michael Perry, fue expulsado
de California después de perseguirla durante
meses, obsesionado con que la cantante era la responsable
de los cadáveres que creía estaban en
su casa. Al volver a su hogar en Louisiana, mató
a sus padres, dos primos y un sobrino.
Kim Wilde sufrió el acoso durante
seis años de un hombre que se hacía llamar
Drácula y al que ya conocían bastante
bien Cher, Sheena Easton y Olivia Newton-John
-¡vaya casualidad!-. Otro que estuvo cerca de
un fatal accidente fue el cantante de country Billy
Ray Cyrus, al que una seguidora le tiró gasolina
por todo el cuerpo e intentó prenderle fuego,
aunque la policía consiguió reducirla
en el último segundo. A Norman Cook lo
perseguía una señora de 65 años
que aseguraba ser el auténtico Fatboy Slim.
Cuanto más fama, más posibilidad de verse
hostigado. En la mansión de Michael Jackson
se coló hasta ocho veces un mujer llamada Levon
Muhammed antes de ser detenida. En la última
llegó hasta la cocina, se preparó un bocadillo
y declaró, mientras la detenían, que era
su mujer y la madre de sus cuatro niños.
Janet Jackson también tuvo su corte de
acosadores. Consiguió una orden de alejamiento
de un tal Ronald Benjamin Singleton, que
se hacía llamar el “próximo Presidente
de América” y obtuvo sendas condenas
a prisión para Frank Paul Jones
(que le enviaba cartas amenazadoras) y para Jay
Thomas Myers (quien había escrito
al Presidente Clinton reconociendo que Jackson era su
captura). Pero el más decidido fue Eric
Leon Christian, quien, después de haber
sido condenado por contactar con la hermana de Michael
unas 90 veces amenazándola, llegó a demandarla
por haber arruinado su reputación y haber acabado
con cualquier oportunidad de tener una carrera como
músico.
Whitney Houston también consiguió
la orden de alojamiento para Desiree Weeks,
una mujer que pensaba que Houston era su madre
reencarnada, y la que enviaba cartas y regalos como
pasteles de cuatro pisos, ropa interior, pijamas para
su marido y almohadas para la que decía era su
hermana -la hija de Houston, Bobbi-.
Bono, de U2, también vivió
similares amenazas. Un irlandés llamado Patrick
Harrison le perseguía pidiendo recompensa
económica por más de 100 canciones que,
según él, le había proporcionado
a la banda, incluyendo la totalidad de "The
Joshua Tree". En 1989 el tal Harrison
manifestó en una entrevista que “la mayoría
se las envié en dos cartas largas en 1986, aunque
las últimas once se las di a él personalmente
en una bolsa de plástico en Arizona.”
Como no había obtenido respuesta, concluía
que sólo había una solución: “Si
cojo un arma y lo mato, entonces voy a llamar la atención
de todo el mundo.”
También las dos cantantes de ABBA han
tenido sus problemas con fans que han ido más
allá. Agnetha denunció a un admirador
con el que había tenido una amistad muy estrecha
cuando éste empezó a acosarla al negarse
a aceptar el fin de la relación. Mientras, Anni-Fri
decidió demandar al más perseverante de
sus fans, Lennart Kanter, cuando abrió
una web con el nombre ella y en la que hacía
pública su obsesión.
Como no podía ser menos, Courtney Love
también sufrió la persecución de
la ex-mujer de uno de sus novios, Jim Barber,
hasta el punto de denunciarla por “contratar
a detectives privados para espiarme, acosarme con llamadas
sucias y amenazas e intentar matarme con su Volvo.”
Parece ser que logró esquivar el coche en el
último minuto y sólo la hirió en
un pie, aunque, según Love, perdió
un papel protagonista en una película y tuvo
que cancelar una gira.
A otros los medios de llamar la atención les
salen más originales. Simon Le Bon, de
Duran Duran, se encontró un buen día
con una carta de casi in kilómetro escrita en
papel de váter por una de sus seguidoras-acosadoras,
una estudiante llamada Kay Pashley. Paul
Young tuvo que soportar los más de cien mil
“por favor” que una tal Jane Waddington
le envió por carta durante seis meses en 1988
-algo similar a lo que le había sucedido al actor
Michael J. Fox al que una mujer llamada Tian
Ledbetter le envió 6000 cartas
durante un año acompañándolas de
cajas con restos de ratas para expresar su enfado por
haberse casado-.
Brian Molko, de Placebo, también
tuvo que aguantar continuas llamadas de un fan que le
dejaba mensajes en su contestador en los que le decía:
“Entraré en tu cuarto, cortaré
tu pene, me lo meteré en la boca y lo comeré
con mis pequeños dientes.” No se lo
tomó tan mal, porque la banda incluyó
el mensaje al final del corte oculto que seguía
a "Burger Queen" de su disco Without
You I'm Nothing.
Tanya Donelly optó por la acción
directa cuando aquel fan que la perseguía le
envió una nota en un concierto en San Diego en
la que le decía: “Soy tu marido. No te
preocupes. Todo va a ir bien porque voy a cuidar de
ti”. La respuesta fue clara: “Tengo
tu dirección y pagaré a alguien para que
te haga daño. Ni se te ocurra pensar que no lo
haré.” Nunca lo volvió a ver.
Otros ven fantasmas donde no los hay, aunque en ese
caso lo normal es que sea el artista quien sufre la
paranoia. Marvin Gaye pasó gran parte
de los 80 convencido de que un asesino le seguía
de gira, por lo que se acompañaba de gente que
se le parecía para que aparecieran en público
y despistaran al asesino. Como veía sombras continuamente
en su jardín, instaló un equipo de protección
de alta tecnología y dispuso varias armas en
su habitación. Curiosamente, el asesino le era
más que conocido y dormía en la habitación
de al lado: su padre lo asesinó después
de una discusión familiar en 1984.
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proporcionados por Xavier
Valiño
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